Por Robert Alcock, abrazohouse.org. Introducción al libro "Llevar las Semillas de la Vida", disponible para decargar gratis.
A menos que hayas estado viviendo en una cueva (o en una burbuja de las redes sociales), probablemente ya sepas que la Tierra está atravesando una crisis climática sin precedentes en la historia de la humanidad. Probablemente tú mismo habrás experimentado patrones climáticos extraños y extremos; en la televisión habrás visto incendios forestales, sequías e inundaciones; es posible que incluso hayas oído a figuras importantes como el Secretario General de la ONU, António Guterres, decir cosas como "La humanidad ha abierto las puertas del infierno. El calor está teniendo efectos horrendos".
Pero el cambio climático es sólo un aspecto de una crisis ecológica de mucho más amplio alcance. Es el más obvio de los síntomas, un poco como la temperatura elevada de un paciente con fiebre. Otro aspecto menos evidente, pero no menos grave, es la acelerada pérdida de biodiversidad: es decir, la diversidad de seres vivos (plantas, animales, hongos y microorganismos) que existen en el Planeta Tierra. Estamos viviendo lo que acertadamente se ha descrito como una "extinción masiva": un período de rápido colapso de la biodiversidad, comparable con la desaparición de los dinosaurios, hace 65 millones de años. Y una vez que una especie desaparece, nunca puede resucitarse, a pesar de las especulaciones de ciencia ficción al estilo de Parque Jurásico.
Sin embargo, el principal factor de extinción actual no es un asteroide, volcanes, ni desastres naturales similares. Más bien es una especie entre muchas que se ha convertido en el actor dominante del planeta: el Homo sapiens. Los humanos y sus animales domesticados comprenden ahora el 96% de todos los mamíferos del planeta Tierra, por masa corporal (los humanos y las vacas representan cada uno aproximadamente un tercio), y solo queda un 2% para los mamíferos salvajes marinos y terrestres, respectivamente.
Los principales factores detrás de esta ola de extinción, incluida la destrucción del hábitat, la tala insostenible, la eliminación de bosques a favor del pastoreo de ganado, la sobrepesca, el cambio climático, la contaminación y la introducción de especies invasoras, están en última instancia vinculados con el crecimiento imparable de nuestra economía global, basada en combustibles fósiles. En pocas palabras, los seres humanos ahora utilizan más que nunca de casi todo, y queman más carbón, petróleo y gas en hacerlo; y a pesar de unos pocos reveses, el consumo sigue creciendo. Pero no se puede tener un crecimiento infinito en un planeta finito, y ahora estamos empezando a ver qué sucede cuando nos topamos con los límites de la Tierra. Como lo expresa el conocido divulgador naturalista David Attenborough: "Tenemos un entorno finito: el planeta. Cualquiera que piense que se puede tener un crecimiento infinito en un entorno finito, o bien es un loco o un economista".
Sin embargo, tal vez porque es menos obvia y menos amenazante para los humanos, la pérdida de biodiversidad recibe menos atención que la crisis climática. Esa es la motivación detrás del proyecto Biodiversidad Ilustrada cuyos objetivos son crear conciencia sobre la crisis de la biodiversidad y animar a la gente a actuar . Biodiversity Illustrated es un esfuerzo conjunto entre tres socios europeos (Centros de Extensión Juvenil en Reykjavik, Islandia; My Madeira Island en Madeira, Portugal; y Abrazohouse.org en Cantabria, España), apoyado por el programa Erasmus Plus de la Unión Europea. Uno de sus principales resultados es el libro que ahora estás leyendo.
El simple hecho de tener información sobre un tema, como la biodiversidad y las amenazas a la misma, no necesariamente hace que las personas cambien su comportamiento. Eso no quiere decir que la información no sea necesaria e importante, y en este libro encontrarás mucha información que te ayudará a aprender sobre la crisis de la biodiversidad y qué podemos hacer al respecto. El arte y la narración, por otro lado, al involucrar las emociones, alientan al lector o espectador a ir más allá de estar informado, y a actuar. Esa es una de las razones por las que los socios decidieron que el resultado principal de este proyecto no debería ser un informe, sino una historia de aventuras, ilustrada por ocho artistas internacionales, representando algunas especies en peligro de extinción y los lugares donde viven, llamados hotspots (puntos críticos) de biodiversidad.
Algunos de los artistas también escribieron sobre su visión artística de las ilustraciones y las lecciones que aprendieron al participar en el proyecto. Un mensaje que se repitió con frecuencia fue la importancia de un vínculo emocional con la especie, sus áreas de origen y la población local. En palabras de Carmen Sáez, una de las artistas que participó en el proyecto:
Para mí el Mar Caribe es simplemente mágico. También tengo un fuerte vínculo con República Dominicana. ... Los dominicanos son divertidos, fantásticos bailarines y aman su tierra. Defienden y protegen su naturaleza y sus especies y es algo que admiro... Quería incluir algunas de las aves más importantes del Mar Caribe, como el colibrí zunzuncito o el tocororo, ave nacional de Cuba, y su flor nacional, la mariposa. Los dominicanos celebran su país con numerosas actividades de protección de los ecosistemas, como el ecoturismo. Además, ha proporcionado una fuente viable de ingresos para las comunidades locales.
Nombrar las especies
Tortuga Geométrica. Árbol del Carcaj de la Doncella. Polluela especulada. Baya de Agua Falsa. Cuaga. Ciprés de Clanwilliam. Palmera Bankoualé. Asno Salvaje Somalí. Nuez del Pantano de Kathaleka. Sapo de los Torrentes de Malabar. Tar del Himalaya. Orquídea Zapatilla de Dama. Esturión Nariz de Pala de Amu Darya. Leopardo de las Nieves. Monarca de Rowley. Árbol del Sándalo. Murciélago Orejudo de Nueva Caledonia. Mochuelo-Caprimúlgido. Madera de Agar. Galápago Pintado. Pinzón de Manglar. Tapir de Baird. Oso Hormiguero Gigante. Muriquí del Norte. Ruíl. Picaflor de Juan Fernández. Colibrí Oaxaqueño. Ipé. Rana Fantasmal de Flecha Venenosa. Reina de los Andes...
Los nombres contienen magia, especialmente si se pronuncian en voz alta. Te invito a leer en voz alta los nombres de estas plantas y animales en peligro de extinción. Enrollalos en tu lengua, saborea sus evocadoras sílabas y observa qué sensaciones y reflejos producen. ¿Cómo te sientes? Aunque es muy poco probable que alguna vez conozcas a alguno de estos seres vivos en persona, aunque nunca descubrieras nada sobre ellos más allá de sus nombres, el mero hecho de saber que existen ¿no hace que el mundo parezca más grande? ¿Un lugar más misterioso e impresionante? ¿Y no parecería mucho más triste y angustiante si mañana descubrieras que el árbol del carcaj de la doncella, el sapo de los torrentes de Malabar o la rana fantasmal de flecha venenosa se han declarado extinguidos?
Desde una perspectiva puramente egoísta y en nuestro propio interés, los seres humanos deberíamos sin duda proteger a las especies en peligro de extinción. La biodiversidad es fundamental para mantener ecosistemas estables y prósperos, los cuales nos proporcionan servicios esenciales, como la absorción de dióxido de carbono y la producción de oxígeno, el control de inundaciones y mareas, el mantenimiento de la salud del suelo y la polinización de cultivos alimentarios, sin los cuales no podríamos sobrevivir fácilmente. Además, es muy probable que las especies aún no estudiadas contengan valiosos recursos, como medicamentos no descubiertos para enfermedades aún incurables.
Pero es un error considerar la naturaleza de una manera puramente utilitaria, simplemente como algo útil para los seres humanos. ¿No merecen todas estas otras criaturas ser protegidas por sí mismas, como miembros igualmente valiosos de la comunidad de la Tierra? En nuestro papel como especie clave mundial, del que ahora dependen tantas otras, ¿no tenemos la responsabilidad de preservar lo que hemos heredado, de llevar las semillas de la vida con el mayor cuidado posible y transmitirlas de forma segura a nuestros descendientes?
La clasificación de especies amenazadas
Las especies mencionadas anteriormente son sólo treinta de las más de 44.000 especies de animales, plantas y hongos que actualmente figuran como amenazadas a nivel mundial por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Lo cual no quiere decir que no haya muchas más especies amenazadas en el mundo; sólo que las demás aún no han sido evaluadas o, en muchos casos, ni siquiera descubiertas. De los aproximadamente 2 millones de especies que han sido descritas por la ciencia, la UICN sólo ha evaluado el estado de conservación de unas 157.000. Para muchas, los datos son insuficientes para hacer una evaluación adecuada. Además, se estima que hay 6 millones de especies que aún no han sido identificadas. Cuando se trata de aprender sobre nuestros semejantes seres vivos, apenas hemos arañado la superficie.
La UICN clasifica las especies en categorías de conservación según su nivel estimado de peligro. Aquellas especies que se consideran amenazadas con la extinción son clasificadas en tres grupos: En Peligro Crítico (CR), En Peligro (EN), o Vulnerables (VU), dependiendo de la gravedad percibida de las amenazas. Otras especies pueden ser clasificadas como Casi Amenazadas (NT) o de Preocupación Menor (LC).
Estas clasificaciones fueron diseñadas para ayudar a tomar decisiones difíciles sobre dónde deben aplicarse los escasos fondos para la conservación. Sin embargo, están siendo objeto de un escrutinio cada vez mayor por parte de los conservacionistas que trabajan sobre el terreno, argumentando que con frecuencia están incompletas, desactualizadas y/o inexactas. Incluso a las especies recientemente descubiertas (que, por definición, probablemente sean raras, de lo contrario habrían sido descubiertas antes) no se les asigna automáticamente un estado de amenaza. A pesar de esto, las clasificaciones de la UICN a menudo se consideran el indicador principal a nivel mundial para la conservación. Esto significa que los fondos destinados a la conservación de especies pueden aprobarse o denegarse dependiendo de si la UICN las clasifica como suficientemente amenazadas.
Es una situación compleja y no hay una respuesta correcta. Las clasificaciones son por naturaleza artificiales y arbitrarias, pero las amenazas a la supervivencia continua de las especies también son artificiales y arbitrarias. Como reflexiona una de las artistas, Inés Martínez:
Para mí era importante darle a la situación de peligro de cada especie un lugar muy importante en las ilustraciones. Un lugar muy visible, radical y artificial, como una situación que no debería existir, no pertenece allí y, sin embargo, visualmente es imposible de ignorar.
Los treinta y seis puntos críticos de biodiversidad: en primera línea
Ahora te invito a realizar el mismo ejercicio anterior, leyendo en voz alta los nombres de los lugares donde viven las treinta especies antes mencionadas:
El Karoo Suculento. Maputalandia – Pondolandia – Albany. La Provincia Floral del Cabo. El Cuerno de África. Los Ghats Occidentales. El Himalaya. Montañas de Asia Central. Wallacea. Nueva Caledonia. Sondalandia y las Islas Nicobar. Tumbes–Chocó–Magdalena. El Cerrado. Los Bosques Valdivianos. Los Bosques Madrenses de Pino-Encino. Los Andes Tropicales...
Estos son algunos de los treinta y seis Hotspots (Puntos Críticos) de Biodiversidaddel mundo: lugares que se encuentran en la primera línea de la crisis de extinción, donde la mayor variedad de especies enfrenta el mayor peligro.
Un hotspot de biodiversidad se define como un área que contiene al menos 1.500 especies de plantas que son endémicas, es decir, que no se encuentran naturalmente en ningún otro lugar de la Tierra, y que está amenazada, con menos de un tercio de su vegetación natural restante. (Solo a modo de comparación, las Islas Británicas albergan apenas 1.390 especies de plantas con flores nativas, de las cuales solo 47 son endémicas). Se han identificado treinta y seis puntos críticos diferentes en todo el mundo, la mayoría de los cuales se encuentran en áreas tropicales y subtropicales. Sólo una, la Cuenca Mediterránea, se encuentra parte en Europa, incluido el territorio de dos de los países socios del proyecto Biodiversidad Ilustrada, España y Portugal.
La idea de los puntos críticos de biodiversidad es dirigir los escasos fondos para la conservación hacia donde tendrán el mayor beneficio. El principal organismo internacional que hace esto es el Fondo de Socios para Ecosistemas Críticos (CEPF), una asociación compuesta por Conservación Internacional, la Agencia Francesa de Desarrollo, la Unión Europea, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial, el gobierno de Japón y el Banco Mundial. Desde su creación en 2000, el CEPF ha otorgado un total de 264 millones de euros en subvenciones a más de 2.700 organizaciones de la sociedad civil e individuos en más de 109 países y territorios.
Puede parecer una cantidad considerable de dinero, pero distribuido a lo largo de 22 años, abarcando 36 puntos críticos y abordando las necesidades de decenas de miles de especies en peligro de extinción, en realidad no lo es. ¿Recuerdas cuando la catedral de Notre Dame de París se incendió en abril de 2019? Para su restauración, se donaron casi mil millones de dólares en solo dos días. Si la gente experimentara la misma urgencia por conservar la biodiversidad (que, una vez perdida, nunca puede reconstruirse, a diferencia de Notre Dame), el estado del mundo podría ser muy diferente. La pregunta es: ¿cómo logramos que la gente se preocupe tanto por un bosque de manglares o un arrecife de coral como lo hace por una catedral?
Al leer en voz alta los nombres exóticos de los hotspots, que evocan colinas polvorientas y bosques húmedos, resina de pino y almizcle de ciervo, siento la tentación de desempolvar mis botas de montaña, abastecerme de repelente de insectos y comenzar a buscar conexiones de vuelos. Por supuesto, visitar todos los hotspots requeriría un gran esfuerzo e implicaría quemar una cantidad imponente de combustibles fósiles. Dudo que incluso David Attenborough lo haya hecho, aunque estoy seguro de que sería una gran serie de televisión. Sin embargo, este libro te permitirá hacer exactamente eso: en tu imaginación. De esta manera, puedes explorar los hotspots desde la comodidad de tu hogar, con emisiones mínimas de carbono y muy poco riesgo de sufrir mordeduras, picaduras ni quemaduras solares.
Seguimos las aventuras de Cahya, una joven curandera que tiene la tarea de recolectar semillas de cada uno de los 36 hotspots para curar a su pueblo de la terrible enfermedad del “vendaojos”. En el camino se encuentra con muchas plantas y animales en peligro de extinción que le imparten su sabiduría mientras recolecta las semillas vitales. A través de sus aventuras y las ilustraciones que la acompaña, en una diversidad de estilos y técnicas, aprendemos sobre el valor de la biodiversidad y la conservación, y la especial importancia de los hotspots.
Mientras visita las montañas del Himalaya, Cahya conoce a un langur dorado (Trachypithecus geei) que le dice:
“El tiempo pasa rápido para los humanos. La vida es realmente corta. Pero de cierto modo, lo hacen aún más corta. No se dan cuenta de que no pueden estar en todas partes al mismo tiempo y hacerlo todo. Sólo hay tantas cosas que se pueden experimentar en una vida. Sólo se pueden visitar tantos lugares. Es mejor enfocarse en algunas cosas que son importantes y respirar profundamente mientras tanto. Calma la mente. Calma el cuerpo. Calma el espíritu. Vive más despacio. Eso es cierto incluso para tí, Cahya. No puedes hablar con todos los que estamos en peligro. Si quieres hacerlo todo, visitar todos los lugares y experimentarlo todo, serás alguien que abarca mucho pero aprieta poco. Te estirarás mucho. No podrás profundizar tu relación con otras personas ni echar raíces en algún lugar".
Para los que solemos preocuparnos por el estado del planeta, esta es una lección crucial. No podemos estar en todas partes y hacer de todo, y si lo intentamos, sólo terminaremos dañándonos a nosotros mismos, sin ayudar mucho al mundo. Realmente sólo podemos preocuparnos por unos pocos lugares: los lugares donde vivimos y construimos relaciones. En última instancia, esta puede ser la elección más importante en esta era de hiper-aceleración y globalización: la decisión de bajar el ritmo y estar en algún lugar, de establecer conexiones duraderas.
Como reflexiona Marta Horodniczy, una de las artistas de las ilustraciones:
Cada vez que leo y trato de comprender los peligros de cada hotspot, veo una analogía en el "patio trasero" más pequeño que me rodea, donde vivo o de donde vengo: la falta de respeto por otras personas y, en consecuencia, por el mundo pequeño que nos rodea.
Me di cuenta de lo importante que es educar a las próximas generaciones en mi propio patio trasero. Por ejemplo, como madre de una niña de 5 años, me siento obligada a sensibilizarla sobre la belleza de la naturaleza, a fomentar el respeto hacia los demás y al mismo tiempo a establecer límites. Creo que al ocuparnos de nuestras necesidades sin descuidar la conciencia, evitamos empujar al subconsciente y, en última instancia, contribuimos a preservar lo que nos rodea.
Pueblos Indígenas y Conservación
Quienes tienen las raíces más profundas, especialmente en áreas del mundo como los hotspots, donde la biodiversidad está bajo mayor amenaza, son los pueblos indígenas de la Tierra. Ellos son los verdaderos portadores de semillas, los guardianes de una riqueza incalculable de diversidad cultural (lenguas, canciones, medicinas y formas de vida) que es tan importante, tan amenazada como la diversidad biológica del mundo, e íntimamente ligada a ella.
Según un informe del Banco Mundial de 2008,
Los pueblos indígenas representan sólo el 5 por ciento de la población mundial, pero protegen y cuidan aproximadamente el 22 por ciento de la superficie de la Tierra, el 80 por ciento de la biodiversidad restante y el 90 por ciento de la diversidad cultural del planeta. También se encuentran entre las personas más pobres y socialmente excluidas del mundo. Los pueblos indígenas tienden a habitar ecosistemas particularmente propensos a los efectos del cambio climático, incluidas regiones polares, bosques tropicales húmedos, altas montañas, pequeñas islas, regiones costeras y tierras áridas y semiáridas. Debido a su gran dependencia de estos ecosistemas como fuente de sustento, tienden a verse afectados desproporcionadamente por el cambio climático. Sin embargo, es importante que los pueblos indígenas no se vean simplemente como víctimas. Más bien, deberían ser reconocidos como depositarios de conocimientos ecológicos tradicionales transmitidos de generación en generación, conocimientos que tienen un enorme potencial para complementar y enriquecer el conocimiento científico existente.
En el mundo de la conservación, ha habido a menudo una lamentable tendencia a minimizar la importancia de la contribución de los pueblos indígenas a la protección de la biodiversidad. De hecho, los gobiernos detrás de la creación de áreas protegidas como los Parques Nacionales, a menudo han utilizado la conservación como excusa para desalojar a los pueblos indígenas, basándose en el modelo de"conservación fortaleza", que supone que los ecosistemas necesitan la ausencia total de intervención humana para funcionar correctamente.
La creación en California de Yosemite, el primer Parque Nacional del mundo, supuso el violento desalojo del pueblo Ahwahnechee (Miwok), que durante siglos habían utilizado hábilmente el fuego para gestionar la vegetación de la zona. Posteriormente, el Servicio de Parques introdujo ovejas para evitar que el parque se llenará de maleza impenetrable, lo que provocó cambios drásticos en las comunidades vegetales de la zona.
Pero no se trata sólo de las injusticias del pasado. Hoy en día, en África y Asia—según Survival International, que hace campaña por los derechos de los pueblos indígenas—los gobiernos y las ONG continúan robando tierras a los pueblos tribales y a las comunidades locales, bajo la falsa afirmación de que esto es necesario para la conservación, y con la complicidad de importantes organismos de conservación internacionales como WWF, Wildlife Conservation Society (WCS) y African Parks. En el momento de redactar este texto, en noviembre de 2023, Survival International y Amnistía denunciaron el desalojo forzoso por parte del gobierno de Kenia del pueblo Ogiek del bosque Mau, una parte clave del hotspot de biodiversidad afromontano oriental, como parte de una campaña para crear más áreas "protegidas" forestales en Kenia.
El Marco Mundial de Biodiversidad Post-2020, firmado en Montreal en diciembre de 2022 por los 196 estados que forman parte del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, se comprometen a aumentar las áreas protegidas del mundo, de alrededor del 16% actual, al 30% de la superficie terrestre para 2030 (el "plan 30x30"). Este objetivo suena genial en principio, pero no, si significa desalojar a las personas que están en mejores condiciones para conservar la biodiversidad de los lugares donde es necesario conservarla.
La conservación no debe usarse como excusa para apropiarse de tierras. Nosotros, en el Norte Global, debemos al menos intentar garantizar que nuestros gobiernos y los organismos de conservación a los que donamos dinero no apoyen el modelo defectuoso e inmoral de la "conservación fortaleza". En lugar de ello, deberíamos exigir que trabajen en colaboración con los pueblos indígenas, que conocen sus tierras y cómo conservarlas mejor que nadie. Si no protegemos a los pueblos indígenas, con toda seguridad no protegeremos a las especies en peligro de extinción, y viceversa.
¿Y yo qué puedo hacer? De la eco-ansiedad a la ecoacción
Enfrentarse a abrumadoras malas noticias sobre el estado del planeta y sentirse impotente para actuar, puede generar sentimientos de parálisis y eco-ansiedad: un problema creciente, especialmente entre los jóvenes.
Es normal sentirse ansioso por la situación global; de hecho, sería una locura no hacerlo. Pero siempre hay cosas que podemos hacer en cualquier situación. Un buen punto de partida es compartir tus sentimientos con los demás, que podrían incluir amigos y familiares, pero también mentores o profesores, etc., y hablar sobre lo que realmente puedes hacer para lograr cambios, con pequeños pasos, empezando por el lugar donde estés.
Estar en la naturaleza (salir a caminar por el bosque, observar la vida silvestre local o trabajar en una huerta, por ejemplo) es una forma esencial de aprender a protegerla, además de ser una excelente manera de cuidar la propia. salud, mental y física. Incluso simplemente descansar y no hacer nada por un tiempo (desconectado de los dispositivos y las redes sociales) puede brindar el espacio para generar grandes ideas. A menudo los humanos somos demasiado propensos a apresurarnos y hacer cosas sin pensarlas realmente, sin saber si tenemos la capacidad de completarlas o cuáles podrían ser los efectos imprevistos sobre nosotros mismos y el mundo. Después de todo, sólo puedes hacer lo que puedes hacer, dada tu situación y tus capacidades. ¿Cómo vas a ayudar al mundo si no puedes cuidar de ti mismo?
Una persona sabia dijo una vez: "No preguntes qué necesita el mundo. Pregunta qué te hace realmente vivo y hazlo; porque lo que el mundo necesita es más gente que esté realmente viva". Recuerda, nadie puede decirte exactamente cuál es el curso de acción correcto para ti, porque nadie, ni siquiera las personas más cercanas a ti, conocen exactamente tu situación o tus capacidades. A menudo ni uno mismo lo comprende del todo.
No importa lo pequeños e impotentes que nos sintamos, podemos sorprendernos de lo que somos capaces de hacer. Para citar una conocida historia de aventuras en la que un grupo de personas pequeñas se enfrenta a un poder que amenaza con destruir su mundo:
Frodo: “Ojalá el Anillo nunca hubiera llegado a mí. Ojalá nada de esto hubiera sucedido.”
Gandalf: “Lo mismo piensan todos los que viven para ver estos tiempos, pero eso no les corresponde a ellos decidir. Lo único que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que se nos da.”— JRR Tolkien, El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo
